Llueve,
Las gotas son espejos
Que el cielo abandona a su suerte
De libertad.
Al mismo tiempo
son jirones
De estrellas que fugaces,
Van hacia el Olimpo…
y es Zeus quien las convoca.
Un manto se desploma,
En la belleza fértil
De la pampa.
Hiere el ocaso, toda una vastedad
De viento y ramas,
¡¡Cielo que te derramas!!,
en un final de rojos penachos
y nubes negras.
¡¡Lluvia!!
Todo es incierto en las tormentas,
Se escuchan los becerros enlodados,
Crujen arboles y ranchos…
Relámpagos plateados dejan
Ver las hachas oxidadas…
Se quiebra el cielo como el fuego
que ni Milton ni Dante
habrán soñado o vivido
luego de una gota y un poniente.
Prouvelarie Ana M.
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